Para los que duermen bien

Buenas noches compañeros,

Han pasado muchos días desde que os escribí por última vez, algunos me habíais pedido el análisis de un proyecto -vendrá-, o alguna recomendación para afrontar las presentaciones en público -también vendrá-, pero hoy vengo a contaros otra cosa.

Hace unos días vi un vídeo de un empresario que hablaba de la ética profesional, de lo importante que es ser inquebrantable, de lo poco rentable que salía, y de lo bien que se dormía por las noches.

Como ya os habréis percatado ésto es más una declaración de intenciones que otra cosa. Así que hablemos de las cosas pequeñas, un examen parcial. Nada importante. ¿O sí?

Cuento con las manos los exámenes que he suspendido desde la escuela primaria, pero a todos nos puede pasar. Uno diría que no tiene ningún tipo de importancia copiar en un examen, ¿no? Una sola fórmula, tres palabras clave, un detalle que no cambia nada. Pues sí cambia, y aunque el resultado sea suspenso de todos modos, la decisión que uno toma sí importa.

Esos códigos morales que uno adopta como carácter propio, la ética en definitiva, nos definen hasta límites insospechados. El resultado del examen no importa, no importa si esa pequeña trampa ha provocado que se apruebe o se suspenda el examen, lo que importa es uno se ha planteado ser deshonesto, quebrantar los medios para alcanzar otro fin.

A una le siguen tomando el pelo constantemente, porque para nuestra desgracia y pese a quien pese, con una carta extra en la baraja, siempre se gana la mano.

Y si no sale  a cuenta,¿por qué no jugamos en la misma liga que el resto? Porque cada vez que veo que un compañero se salta las normas entra en mi lista mental de con quién no querría trabajar nunca. Pero lo más importante de todo: porque los intachables se rodean de otros intachables, quizás se cobran menos dinero, pero se lo ganan más y duermen mejor.

Hasta la próxima,

Ll.-

 

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De esos líderes venimos…

Salud compañeros,

Tal y como os prometía en las redes sociales unos cuantos días atrás, vengo a hablaros de esas personas que llegan a nuestro círculo de conocidos, de profesores, de jefes, e irremediablemente empiezan a irradiar esa capacidad de liderazgo nato.

Sí, sí, líderes, no me he vuelto loca. Aquello que las definiciones clásicas dicen “el proceso de influir sobre las personas de forma que éstas realicen, de forma entusiasta, las acciones necesarias para el alcance de los hitos de una organización” (Koontz, 1991).

Si habéis leído bien os habréis dado cuenta que no creo en las teorías del liderazgo que se basan en el ejercicio del poder sobre otra persona para poder liderarla.

Nigel Nicholson dice que el líder tiene unas características adquiridas fundamentales mínimas, como ser emprendedor, motivado, coherente, inteligente y tener confianza en sí mismo…

Pensadlo bien… ¿Son esas características las que definen a un líder nato? He tenido compañeros que tenían muy poca confianza en sí mismos, tímidos y con una vergüenza por encima de lo normal. Sin embargo su forma de trabajar, su organización y su templanza me han convencido que su método era mejor que el mío. Ellos han liderado. El señor Nicholson no me arregla nada nuevo.

Mi inquietud para con el tema no hizo sino crecer después de estudiar la materia de Gestión de Proyectos y Equipos Humanos de la escuela de Prevención y Seguridad Integral. Ahí descubrí la teoría que considero más esperanzadora hasta la fecha: la teoría del ciclo de vida.

La teoría del ciclo de vida considera dos factores clave en el liderazgo: la motivación y la competencia de los individuos, pasando por distintas fases, no siendo éstas consecutivas ni necesariamente adquiribles.

Fase 1) CONTROL: la motivación de los trabajadores es muy alta pero su competencia es muy baja, típica imagen de cuando un trabajador entra en una empresa bajo el control de un líder.

Fase 2) SUPERVISIÓN: la capacidad y la competencia no están plenamente desarrolladas pero la motivación decae. El trabajador requiere de supervisión en las tareas que no sabe realizar y necesita el reconocimiento de las que sí sabe hacer.

Fase 3) PARTICIPACIÓN: La capacidad y la competencia del trabajador sube pero la motivación sigue baja. El líder debe reconocer el progreso del trabajador y conseguir que tome sus propias decisiones.

Fase 4) DELEGACIÓN: La competencia y la motivación del trabajador llegan a su máximo apogeo. El trabajador tiene la libertad de tomar las propias decisiones sin tener que supeditarlas a las del líder.

Creo que es importante y además muy interesante enfocar una teoría del liderazgo hacia la creación de nuevos líderes. ¿O no va de eso?

Está claro que todas las teorías tienen algo de razón, hay personas que están más predispuestas a ser líderes, o a querer serlo; pero por encima de todo me encanta que alguien haya pensado en la función de los líderes y no tanto en describirlos.

Eso es lo que hacen con nosotros, llegan a nuestras vidas y nos hacen un poco más líderes. Cada vez que adoptamos las ‘manías’ de un profesor, la forma de trabajar de nuestros padres, la organización de nuestras madres, la manera de resolver un problema según un compañero de clase, esas personas nos hacen líderes.

Creo que es altamente improbable que alguien influya tanto en nuestras vidas sin que lo tengamos presente, así que si sólo influyeron los que recuerdo vívidamente, éstos se pueden contar con los dedos de dos manos, y me sobran.

Me encanta mirar así a la gente que tengo a mi alrededor. Cada vez que reconocemos en alguien una capacidad que no tenemos, lo que hacemos es fijarnos para intentar adoptar esa capacidad. Nos dirigimos inevitablemente a lo que queremos conseguir, copiando,  imitando, adoptando un modelo a seguir.

Mirad así a vuestros jefes, vuestros profesores, parejas, amigos y conocidos. Descubriréis que cada uno de ellos tiene una capacidad innata: analizadla y copiadla, seréis mejores líderes.

Espero que la espera haya valido la pena, gracias por leer y ¡hasta la próxima!

Ll.-

 

 

 

De la exigencia a la autocomplacencia

Salud compañeros,

Hoy nada de teoría, nada de gestión de proyectos ni ningún tipo de recomendación para rendir como máquinas. Nada de eficacia, hoy toca hablar de los contratiempos de la eficiencia.

Y es que en el camino por querer hacer lo mismo pero con mejores resultados y en menor tiempo, llega la angustia de la emergencia. Después de una pequeña reflexión he llegado a la conclusión -evidente- que no se puede vivir en perpetuo estado de emergencia.

En mi caso, la emergencia siempre viene antes de lo importante, pero cuando la emergencia es tan frecuente que cualquier tarea se convierte en urgente del estilo ‘esto tenía que estar para ayer’, la palabra pierde el sentido original.

El determinismo social nos hace creer que la exigencia viene de fuera, de la universidad, de la competencia con los compañeros…se convierte en una falacia para no querer decir que, en realidad, es nuestra autocomplacencia quién habla.

Nosotros creamos la emergencia de cosas que simplemente deberíamos llamar tareas.

Y aquí estoy yo ante el dilema de no querer renunciar a intentarlo con todas mis fuerzas y querer salir del sinvivir que resulta el tener unos cuantos deadlines diarios.

Hasta día de hoy no he podido evitar compararme con todos aquellos profesores clarividentes y sin un ápice de duda en su voz que se han cruzado en mi camino. Me repetiré hasta comprender, que desde mi poca eficacia a la mucha eficiencia de esos profesores hay un camino de 20 ó 30 años de experiencia.

Templanza, templanza para entenderlo y templanza para llegar a ello.